domingo, 12 de abril de 2015

MI PRIMERA VEZ.... EN TRIATLÓN/ MY FIRST TIME... TRIATHLON

Cuando dije que iba a hacer mi primera carrera, en noviembre de 2013, recuerdo que una chica, a la que no conocía de nada, me criticó en Instagram diciendo que sólo era una diversión momentánea para mi y que nunca acabaría nada que me propusiera en el deporte. Pues ya ves, chica desconocida, aquí estoy. Ha pasado ya casi un año y medio desde aquella primera carrera. Y sigo haciendo deporte. Tras la primera 10K llegaron otros retos deportivos y lejos de perder el interés, sigo motivada y haciendo una de las cosas que más feliz me hace en la vida: DEPORTE!!!!!



Y este fin de semana me he estrenado con mi primer triatlón. Decir lo feliz que me siento es poco. Veréis... yo no sabía nadar. "Flotaba" como decía yo, pero no controlaba la respiración... ni nada más. Querer saber nadar era algo que quería aprender desde hacía tiempo, y el año pasado, cuando vi por primera vez un triatlón pensé que aquello tenía que ser muy divertido... pero yo no sabía nadar.... Así que decidí que este año, yo aprendería a nadar y haría un triatlón. 

Me considero una persona atrevida, sin miedo y muy decidida a hacer todo lo que me propongo, pero también soy consciente de que hay que empezar poco a poco, y lo mejor era empezar con un super sprint (375 m. natación/ 10 km bici/ 2,5 km. carrera). 

A principios de año, cabezota yo, empecé a buscar información y sorpresa que el Club Triatló Gandia organizaba este año un super sprint. Y el 21 de enero empecé mis clases de natación.

No tenía bici de carretera, pero me dijeron que seguramente alguien me podría dejar una. Así que mientras llegaba la bici, empecé a aprender a nadar. Lourdes, mi monitora, ha sido una profe increíble, con muchísima paciencia!!!! El primer mes he tragado tanta agua que salía mareada de la piscina. Tragaba agua por la nariz, por la boca... y tenía que parar varias veces cada vez que intentaba hacer un largo. Lourdes ya no sabía cómo explicarme lo de la respiración, pero aquello no me salía... Y un día le dije "Lourdes, en un mes hago un triatlón" y me dijo "¿en serio?, qué atrevida eres... Pues vas a tener que trabajar mucho". Y no hay nada que me anime más que las personas me acompañen en mis pequeñas locuras, animándome... porque los límites siempre se los pone uno a sí mismo, y no te los puede poner nadie más.... y yo, no me pongo demasiados... Así que aquello de "hay que trabajar más" me sonó de maravilla. 

A falta de dos semanas de la prueba no pude ir a clase de natación durante tres días. Cuando volví, no me digáis cómo ni porqué, pero ya controlaba la respiración y empecé a hacer un largo detrás de otro, poco a poco, pero con decisión.

Mientras, llegó la bici que me consiguió mi trainer aunque sólo la he usado unas 5 veces, sóla, y aún hoy sigo sin saber cómo sacarle todo el partido a una de esas maravillas.
Y mientras, salía a correr como podía porque en estos últimos meses me estaba recuperando de una lesión en el psoas.

Pero pensar en hacer un triatlón me apetecía tanto, que seguí adelante con el plan. Tenía dos objetivos marcados. Uno, aprender a nadar. Y ya lo había conseguido. Otro, acabar el triatlón disfrutando y sonriendo tanto como lo había hecho en cada entrene.

Y llegó el día. Estaba nublado, hacía frío y el agua, con toda seguridad, estaría helada. La prueba era a las 4 de la tarde y yo trabajaba mis 8 horas hasta las 14.30h. No tenía tiempo de ir a casa así que comí en el trabajo y me fui directa a por mi dorsal.

Estaba muy preocupada por el frío... y para qué no decirlo... ¡¡¡¡¡estaba cagada de miedo!!!!! No tenía ni idea sobre qué tenía que hacer. Cuando llegué había muchísima gente equipada, con sus bicicletas haciendo colas que no tenía ni idea a dónde iban. Había quedado con mis amigos, Paco y Pepe, que me habían llevado la bicicleta y en cuanto los vi me empece a reir.... aquello era una locura, estaba completamente perdida. Por todas partes me habían dicho qué tenía que hacer en las transiciones, pero estaba demasiado nerviosa para atender... Así que cogí mi bici, ya con las pegatinas puestas y el dorsal preparado y cuando llegué empecé a preguntar a unos y otros sobre qué tenía que hacer y dónde ir. Dejé la bici en el lugar marcado y luego pregunté a la organización qué hacer, cuándo ponerme el neorpreno, a qué  hora ir a la salida.... ¡¡¡¡PARDILLA TOTAL!!!!!! Pero me daba igual, tenía tantas ganas de hacer aquello!!! Así que me puse el neopreno y me fui donde me indicaron, a una pequeña playa en el puerto desde donde teníamos que ir nadando hasta la línea de salida en mitad de la bocana. La salida se retrasó 20 minutos y estaba helada. Cuando llegué estaba decidida a nadar, con fuerza, pero esos 20 minutos me mataron de frío. Y las chicas que participaban en la prueba tampoco ayudaron mucho. A mi alrededor sólo oía las palabras "miedo" y "frío", y yo sólo quería que se callaran y que dieran la salida de una vez.

Y ya nos dijeron que podíamos nadar hacia la salida. El corazón me iba a mil. Me metí en el agua y se me cortó la respiración. Qué frío!!!! Ni el neopreno que había alquilado consiguió mantener el calor de mi cuerpo. Nadé a braza y cuando decidí hacerlo a crol me pasó algo horrible. Yo siempre he tenido una pesadilla que se repetía una y otra noche, relacionada con la claustrofobia que me produce estar en espacios muy muy pequeños y que me impiden respirar correctamente... Pues bien, cuando metí la cabeza en el agua y me di cuenta que no veía nada en el fondo, ni siquiera mis propios brazos debajo del agua, sentí esa horrible sensación, y entonces me dio eso que se llama ataque de ansiedad. A la respiración entrecortada por el frío se había sumado esa sensación de que por mucho que abra la boca no me entra aire en los pulmones. Entonces empecé a nadar a braza, muy lenta, y pensé, así no puedo nadar, abandono!!!. Sentí miedo. Estaba en medio de aquel puerto. Había aprendido a nadar hacía dos semanas. Tiritaba de frío y además, no podía nadar!!! No podía nadar!!! Estaba bloqueada!! Cómo iba a nadar a braza los casi 400 m de recorrido!!! Llegar la última era algo que me daba exactamente igual, pero ¿en qué condiciones iba a llegar si el corazón y la respiración no me ayudaban?

Abandonar no es una palabra que me guste demasiado así que decidí que lo dejaría sólo si realmente no podía. Pero tenía que intentarlo. Tenía que dejar el miedo de lado.

Me coloqué en la línea de salida, detrás de todas las otras chicas. No quería saber nada de una "competición". Yo hacía aquello porque quería disfrutar. Y en ese momento yo no estaba disfrutando nada y mucho menos iba a disfrutar entre brazadas y espuma. Cuando salieron todas empecé a nadar a braza. Metí la cabeza en el agua y otra vez la ansiedad. Ahora tenía ganas de llorar. Pensé que quizá había sido una inconsciente por haber decidido hacer aquella locura. Pero en el fondo pensaba que no podía tirar la toalla tan pronto, que había que luchar.

Nadé a braza mucho tiempo. Todas las chicas se habían alejado bastante. Cuando recuperé un poco la respiración volví a intentar nadar a crol. Dos brazadas. De nuevo a braza. Y un poco más adelante, de nuevo a crol. Ya fueron más de dos y más de tres y más de cuatro....seguía sin ver nada, y seguía temblando todo mi cuerpo, no sé si de miedo o de frío porque ya no me notaba los pies.

No estaba cansada. Me gusta tanto nadar!!! ¿Por qué no podía distrutar ahora como lo había hecho en la piscina? La última recta fue mucho mejor, mientras escuchaba a mi amigo Pepe dando ánimos (antes me estaba diciendo "pero quieres nadar"!!!!)... ahora me decía "venga que ya no te queda nada!

Y cuando me di cuenta ya estaba en la orilla. Oí a Pura gritar mi nombre con la cámara en mano, y casi me pongo a llorar. Lo había conseguido!!!!!!!!!! De aquella manera, pero había nadado, había completado la prueba, había superado el frío, la ansiedad, el miedo, e incluso había conseguido disfrutar un poco el final de esa primera prueba. Creo que en ese momento no había nadie más feliz que yo!!!

 
Así de sonriente salí del agua, a pesar de todo. FOTO: Pura Pastor

Los ánimos de toda la gente que estaba allí me dieron un subidón increíble y salí corriendo a por la bici, quitándome ya el neopreno. Pensaba que estaría más cansada pero nada de eso, estaba pletórica, sonriendo sin parar.

Y llegué a la bici. Acabé de quitarme el neopreno. Me puse el casco. los calcetines, las zapatillas.... y gran fallo!!! me había dejado las zapatillas con los cordones abrochados. Intenté ponérmelas sin desatarlos y una pude, pero con la otra perdí un montón de tiempo intentando calzarla atada... al final me subí a la bici (casi me olvido del dorsal) y salí sonriendo y con la zapatilla suelta. 

Cómo me gusta ir en bicicleta de carretera... a tanta velocidad y casi sin esfuerzo (y con la zapatilla suelta)... Empecé a pedalear y cuanto más pedaleaba, más sonreia, y cuanto más sonreía, más me animaba la gente, y más reía yo, y más feliz iba. Adelanté a una chica, y a otra, y a otra... En un momento dado me adelantaron dos chicos y me fijé que iban pedaleando muy rápido así que cambié la marcha de mi bici y aún fui más veloz. En ese momento pensé que había sido un desperdicio tener esa bici y que nadie que me hubiera podido explicar cómo sacarle todo el partido. Sin duda, la bicicleta es lo mío. Y cuanto más velocidad, más felicidad. Acabé las dos vueltas. No sé cuánto tardé pero no me hubiera bajado de la bici!!



Dejé la bicicleta y entonces me desaté la zapatilla y me la até de nuevo con todo el pie dentro!!!! jejeje... y otra vez los ánimos de la gente y de nuevo subidón, salí disparada (error) pero estaba emocionada y muy muy feliz por lo que estaba haciendo. No sé a qué velocidad corría pero las piernas no respondían como yo quería. La respiración tampoco era fluida.

Pero el trayecto no era largo y en nada vi la meta. De la carrera no estoy muy contenta pero aun así, cuando crucé la línea de llegada estaba eufórica. Había conseguido mis dos objetivos. Y lo más importante, tenía ganas de volver a enfrentarme al mar. A pesar de lo duro que había sido, lo primero que pensé es que había que entrenar en el mar, además de en la piscina!!! El año que viene repito!!!!!!

Nunca dejes que nadie te diga hasta dónde puedes llegar. Tú y sólo tú tienes el poder para decidir lo que quieres y lucha, lucha por superar tus miedos. La verdadera fuerza está en la cabeza, y en el corazón. GOOOOOO!!!!





domingo, 22 de marzo de 2015

ATÚN VEGANO DE GARBANZOS/ RAW VEGAN TUNA (WITH CHICKPEAS) WRAPS

Últimamente he estado consumiendo legumbres como lentejas y garbanzos germinados, y esta mañana he visto en Instagram un paté de atún hecho con garbanzos. No sé qué llevaba la receta, y además era con garbanzos cocinados pero estaba dispuesta a hacer algo con mis garbanzos germinados.

Lately I've been eating legumes like sprouted lentils and chickpeas, and this morning I've seean in Instagram a vegan tuna made with with chickpeas. I don't know the ingredients of that cooked tuna but I've decided to do it in my raw way.

Ingredientes/ Ingredients:
1 taza garbanzos germinados / 1 cup sprouted chickpeas
2 cucharadas de algas para ensalada/ 2 tbsp. salad seaweed
1 cucharada mostaza Dijon/ 1 tbsp. Dijon mustard
Una pizca de sal/ salt
Un poco de agua y aceite de oliva para batir/ A little of water and olive oil to blend everything

Triturar todo y servir sobre hojas de lechuga con rúcula y trozos de pimiento rojo.
Blend everything and serve in a lettuce wrap with arugula and red pepper



jueves, 13 de noviembre de 2014

CALABAZA CON CREMA DE NUECES Y SETAS/ PUMPKIN WITH WALNUT SAUCE AND MUSHROOM

Ahora que estamos en temporada de calabaza, he preparado este plato crudivegano con una salsa muy fácil y muy sabrosa. Y con sólo unos pocos ingredientes.

Now it´s pumpkin time, I've prepared this rawvegan dish with a very easy and tasty sauce. And only with a few ingredients.

Ingredientes/Ingredients:

Calabaza rallada / Grated pumpkin
Nueces /walnuts
Agua/ water
Calabacín/ zucchini
Sal/ salt
Champiñones/mushrooms 
Aceite de Oliva/olive oil
Salsa de soja/soya sauce

Elaboración/ Method:

Rallar la calabaza y reservar. Para hacer la salsa, triturar un puñado de nueces con un poco de aceite de oliva, sal y agua (para que no sea demasiado pesada). Incluso puedes poner calabacín para espesar y al mismo tiempo hacerla más ligera.

Grate the pumpkin and reserve. Prepare walnut sauce blending nuts with olive oil, salt and water (to avoid it becomes too heavy). Also, you can add zucchini as a thickening.
 
Por otra parte, macerar los champiñones, fileteados, con aceite y salsa de soja.

While, macerate mushrooms with olive oil and soya sauce
 




jueves, 6 de noviembre de 2014

MI PRIMER ANIVERSARIO COMO RUNNER (Y DEPORTISTA)

Pues aquí estoy otra vez.... De la Spartan Race de Barcelona.... a la 10k de mi ciudad.
Con esta carrera de 10 kilómetros cumplo un añito como runner y "deportista" (me hace mucha ilusión eso de decir que soy deportista.... como siempre me ha costado tanto practicar deporte...) 

(Saltar al siguiente párrafo si ya has leído algún post mío anterior... por no aburrirte, más que nada....)
Aún recuerdo cuando allá por el verano pasado dije a un amigo, "quiero correr, ayúdame con un entrenamiento"... y me puse unas zapatillas que tenía por casa desde hacía años (que además eran para todo menos para correr). Y por primera vez probé aquello del "running".
La cara de mi amigo fue de un susto terrible. Seguro que pensó "en menudo lío me ha metido ésta". Y es que, cuando corría parecía un pato, apoyando todo el pie en el suelo, dejando caer mi peso en cada pisada. Hice la prueba en el recinto de una piscina y el eco de mis pisadas podrían haber provocado un alud si hubiera estado en una montaña con nieve... Pero todo esto ya os lo he contado... sin embargo, me parece tan gracioso y a la vez tan... especial, que me gusta recordarlo.

Ya ha pasado un año de aquella experiencia, de la primera vez que corrí entrenando 10 km sin parar, por el parque del Retiro de Madrid (a 8 minutos el km), o mi primera carrera de 10 km, esta misma carrera, pero hace 12 meses....

Ahora, quería celebrar que había pasado un año, y que por primera vez en mi vida había hecho algo sin abandonar a mitad camino. No sé si por falta de aliciente, motivación o interés, lo cierto es que pocas veces he hecho algo que haya tenido continuidad, y el deporte jamás había sido una opción en la que pusiera un mínimo de ilusión... hasta el año pasado.

Por eso era tan importante para mi celebrar que un año después sigo con tanta (o más energía) y con las mismas (o muchas más) ganas que hace 12 meses por seguir haciendo deporte.

No tengo ningún interés en conseguir una marca. Para mi, mi mayor reto es mantener la motivación y la ilusión. Superarme a mi misma. Hacer cosas que jamás hubiera imaginado que podría hacer. Y aquí la prueba de lo que he hecho este año: 3 carreras de 10km; 2 Spartan Race; 1 carrera de obstáculos; 2 carreras de montaña de 10km; y una media maratón de montaña.... Lo estoy escribiendo y... la verdad, me siento muy orgullosa de mi misma. En realidad, no sé si es orgullo o es que no me lo creo... Pero... es cierto Bibi :) Lo has hecho, lo estás haciendo :))))) (esto me lo digo yo a mi misma y como soy tan sensiblera, pues venga, ojitos que se me llenan de lágrimas. Pero... qué felicidad más absoluta!!). 




Los dorsales de mis carreras en este año que ha pasado. Falta el de la carrera de obstáculos que hice en Paiporta.

El día de la carrera estaba muy nerviosa. El año pasado no lo estaba. Entonces no sabía qué era hacer una carrera, y además estaba lesionada. Pero ahora ya sabía a lo que iba y estaba muy nerviosa. La noche anterior casi ni pude cenar y me fui a dormir muy pronto porque quería estar descansada. Dormí profundamente y a las 8 de la mañana, en cuanto sonó el despertador salté como un resorte. Me vestí rápidamente (prendas muy frescas porque a pesar de ser noviembre hacía mucho calor). 

Seguía tan nerviosa (de emoción, por los recuerdos y por todo lo que he conseguido este año) que apenas pude comer medio plátano para desayunar. Pensaba, "¿medio plátano sólo antes de la carrera? Me va a dar un jamacuco"!!!! Aunque lo normal en mi es que no coma demasiado antes de un entrenamiento o una carrera. Me encuentro mucho mejor y corro mucho mejor si mi estómago no está muy lleno. Pero sí es normal que la noche de antes coma muchos hidratos (varios plátanos), y esta vez no lo había hecho.

Me fui a la carrera con mi amigo, el mismo que observaba estupefacto a aquel pato (yo) un año antes. El mismo que durante este tiempo ha preparado mis entrenamientos. El que me ha enseñado a correr y ha dedicado su tiempo  a ayudarme, apoyarme y darme ánimos. El que me ha demostrado que cuando creo que no puedo más, siempre quedan fuerzas. El que me ha dicho que en el deporte sólo se llora cuando uno se lesiona o consigue su objetivo. El mismo que me ha repetido una y otra vez que lo que he conseguido en este año ha sido porque yo sola lo he trabajado o que me ha dicho aquello de que "nadie dijo que esto iba a ser fácil" (frasecita que me repitió unas cuantas veces cuando entrenaba para la Spartan).

Él me iba a acompañar para marcarme el ritmo, porque, aunque haya pasado un año, sigo sin saber cómo medir mi energía. Siempre salgo muy rápida y luego lo puedo pasar mal a mitad carrera. Todavía hoy en día no sé qué es eso de correr "a sensaciones", y tampoco sé a qué velocidad voy. Para mi, el cansancio no depende de la velocidad a la que vaya, sino de mi día, de cómo me encuentre...


El día de la carrera me encontraba bien. Tenía mucha sed pero no quería beber demasiado a pesar de que hacía mucho calor... y en este año he comprobado que el calor es mi peor enemigo. Pero no lo quería pensar. La emoción era demasiado grande. Después de un año, vuelvo a hacer cada carrera como si fuera la primera. Y ésta, además, era muy especial.



Para quitarme un poco los nervios nos hacemos unas fotos antes de empezar la carrera, hablamos con gente y calentamos un poco.





Y allá vamos. Es el momento de empezar. No situamos en los cajones de salida (más atrás de lo que quería pero marqué tiempo de tortuga en el momento de la inscripción).

Anuncian la salida y el corazón me va a mil. Me encanta ese momento en el que siempre me pongo a dar saltos al ritmo de la música. Los ojos se me empañan. Los corredores empiezan a moverse.... allá vamos. Qué nerviosa estoy!!!!! Estoy tan nerviosa que me cuesta respirar... y me digo, tranquila o no llegas a la esquina!!! Mi amigo me pregunta y yo digo, todo bien!!! Pero no es verdad!!!! Empiezo a controlar la respiración para bajar pulsaciones porque me noto el corazón en la boca. Estoy tan emocionada!!!




Poco a poco me voy tranquilizando. Voy muy bien. Mi respiración está bien y empiezo a disfrutar. La gente va animando. Mi amigo diciéndome continuamente que voy muy bien, apoyándome, y eso, para mi, es muy importante. 

Disfruto tanto que no me cuesta sonreír al ver una cámara de fotos o saludar a gente conocida. Aunque no hablo demasiado, en realidad no hablo nada... Estoy concentrada en no concentrarme.






Cuando llevamos 5 km, más o menos, al igual que el año pasado, tengo un momento crítico. La carrera sale por una zona poco habitada, sin fincas, donde da mucho el sol, y con algo de desnivel positivo. Son los 2 km más duros del recorrido para mi. Se lo digo e inmediatamente me dice "pensamientos positivos, piensa en las cosas buenas del recorrido".

Es la primera carrera en la que apenas he bebido antes de empezar y en la que decido no beber ni una sola gota del agua que nos dan en el avituallamiento. Sólo me mojo los labios, la boca, y luego tiro el agua. A veces me echo por encima para refrescarme, pero no bebo porque en los entrenamientos a veces me ha sentado mal. Y aunque la falta de hidratación siempre pasa factura, aún así, opto por refrescarme sólo por fuera.

Volvemos a entrar en la ciudad: calles, sombras y gente animando. Estamos en la recta final.

Tengo momentos muy buenos pero cuando queda 1 km la carrera se me hace de nuevo dura y ahí está mi compañero apoyándome, dándome ánimos "venga, aguanta el ritmo que vas muy bien" (aunque al acabar la carrera me dice que en mis dos momentos críticos iba lenta).

Cada vez queda menos recorrido. Tres curvas, tres rectas largas y entramos en la pista de atletismo. Voy a caer allí mismo! ..pero me sigue diciendo, "venga"! y menos mal porque en este año me he dado cuenta de que si tiran de mi, puedo hacerlo. Obviamente todo requiere su esfuerzo pero aún no tengo la capacidad de tirar de mi yo sola.

Diviso la línea de llegada y el marcador, pero a partir de ese momento ya no veo ni oigo nada más. Sólo veo la meta y me concentro en el último esfuerzo. 

He notado mucho que no he entrenado tan bien como en otras ocasiones. Para esta carrera apenas salí a correr unas cuantas  veces. Y es que este verano he tenido trabajo por partida doble. Trabajar todos los días de la semana, madrugar, el calor y no haber tenido un plan de entrenamiento en las últimas semanas han sido decisivos.... Qué pronto se pierde el tono y cuánto cuesta recuperarlo, verdad?
El caso es que buscando en los entrenamientos que me he guardado en este año vi que mi mejor tiempo había sido 5'19, cuando entrenaba mucho y con calidad.

Aún así, esta carrera la hice a 5'11. Aunque siempre digo que las marcas no me importan, sí quiero superarme a mi misma. Comprobar que todo esfuerzo tiene su recompensa. 

Pasamos el primer arco de llegada, el segundo, tercero... y meta. Levanto los brazos. Sonrío... 


Felicidad absoluta en la llegada
Ya no me duele nada. Ni siquiera me fijo en el tiempo empleado. 10km acabados. Pero es mucho más que eso. Mucho más que acabar una carrera. Es la guinda del pastel. De lo que queda por delante...

¿Y qué queda por delante? Pues, seguir entrenando. Siempre con una sonrisa. Siempre disfrutando. Ese es mi deseo. Quiero seguir como he hecho este año. Quiero que el deporte me siga acompañando en el futuro y que me siga aportando la felicidad que me ha dado estos meses.

El mundo del deporte es muy amplio y en este tiempo he comprobado que me gustan muuuuchoooo las carreras de obstáculos (spartan race) y por eso me gustaría conseguir la Trifecta el año próximo ("nadie dice que esto vaya a ser fácil" jeje). También me gustaría practicar escalada (que he retomado finalmente) y hacer carreras de montaña, aunque esto es más complicado porque es difícil encontrar a alguien que entrene en montaña y que esté dispuesto a ponerse a tu nivel (bajo, en mi caso).

También tengo varios objetivos: controlar mi ritmo para aguantar distancias más largas de 10 km, y por otra parte, tirar yo sola de mi misma, porque mi amigo me ha demostrado que siempre me quedan fuerzas. De hecho, sólo he hecho 4 carreras con él, la Spartan Sprint Elite de Madrid (que la acabé con muy buen tiempo), la media maratón de montaña, que acabé gracias a que "tiró" de mi, una de obstáculos en Paiporta (en la que también quedé en muy buena posición) y ésta en la que he mejorado muchísimo mi marca personal. Sóla, los resultados no han sido tan buenos. Un  punto que voy a tener que analizar...

Como véis, retos y objetivos muy duros para mi pero que espero poder cumplir. Os voy contando!!!!




Por cierto!!! esto del deporte me ha gustado tanto, que he empezado a colaborar con los compañeros de deportes de Tele7 Safor, así que en cuanto llegué a meta me puse la acreditación de prensa, cogí el micrófono y me puse a grabar a los ganadores de la Media Maratón (que también se corría ese día), y que empezaron a llegar apenas 15 minutos después (vaya máquinas)!!!

Aquí os dejo algunas imágenes entrevistando a los más rápidos :)))

Andrés Micó quedó segundo

Hablando con Hicham Ettaichmi

Davinia Albinyana, la mujer más rápida

Con Hassane Ahouchar 



martes, 30 de septiembre de 2014

MI SEGUNDA SPARTAN RACE: LA SUPER DE BARCELONA


Parece mentira que mi último post fuera la Spartan Race Sprint de Madrid. Después de aquella experiencia a finales de mayo, no he vuelto a publicar ni una sola entrada hasta ahora... que acabo de hacer una nueva Spartan Race. La Super, en Barcelona. 14 km. y 20 obstáculos.

En todo este tiempo he dejado de preparar platos crudiveganos elaborados para alimentarme esencialmente de fruta, tal cual, por eso, no he subido ninguna receta. El motivo no es otro que el poco tiempo que he tenido para preparar nada. Mi verano se ha centrado en trabajar, trabajar y trabajar... e intentar entrenar. Durante un tiempo estuve sin ningún plan de entrenamiento y cuando finalmente lo tuve, para preparar esta última Spartan, estaba inmersa en pleno verano, con más de 30 grados de temperatura y un sol de justicia que ha hecho  casi imposible poder desarrollar los entrenes al 100%. 

Aún así, entrenar es la principal motivación en mi vida hoy por hoy. Levantarme por la mañana y pensar en el mayor aliciente de la jornada: llevar a cabo el programa deportivo del día... todo, para cumplir un nuevo reto, un nuevo sueño. Y el último, ha sido la Spartan Super.

Vaya por delante mis felicitaciones a la organización. Nada que ver con el evento de Madrid. La prueba de Barcelona ha sido mucho más organizada, mucho más dura, con una carrera por montaña, con cuestas y bajadas increíbles, una ruta divertida por un marco incomparable, por pista forestal y estrechas vías entre vegetación y rocas, y piscinas de barro. Mucho barro!!!!! Quizá demasiado, pero eso hacía más duras las otras pruebas porque estaba todo impregnado de agua y lodo y apenas te podías agarrar a nada, por lo que los monkeys, la cuerda, y otras tantas pruebas, se hacían más complicadas de llevar a cabo.

En cualquier caso, a pesar de ser esta Spartan la prueba más difícil en mi corta vida deportiva (menos de un año), -incluso más difícil que la media maratón de montaña-, he disfrutado como nunca. Esa sensación de estar corriendo con una sonrisa, o reír a carcajadas cuando te deslizas por un tobogán de barro, o tener que arreglarte las lentillas después de sumergirte entera (cabeza incluida) bajo una piscina de barro (lo cual me produjo también una sensación de asco, todo sea dicho), son momentos que guardaré en mi memoria.... quizá hasta la próxima Spartan ;)

Varios son los factores que me han permitido hacer esta carrera. Tengo que agradecer a José Juan que haya dedicado parte de su tiempo a preparar los entrenes que he llevado a cabo en estos meses. A él le debo la fuerza que me impulsa en cada ascenso por la montaña o a superar los obstáculos.
Gracias a Reebok, por haberme regalado la inscripción para esta carrera (tras haber ganado la Sprint Elite en mayo). Y gracias a Leo y Eva, que han sido compañeros del equipo Reebok en la carrera, un gran apoyo, y con quienes he disfrutado  al máximo la Spartan Race. 
Quiero agradecer también el cariño y atención de toda la gente Reebok, especialmente a Sarai, Alfredo, Hannah... todos habéis conseguido que la experiencia haya sido genial!


Con el equipo Reebok, antes de la carrera                      Foto: Alfredo Cano
En cuanto a la carrera... empecé con mal pie porque el primer obstáculo era un muro, y no lo pude saltar... Gracias a la ayuda de Leo lo superé. El resto de muros, ya con algo más de confianza en el cuerpo y con menos nervios, fueron cayendo uno tras otro :)

Y tras los muros, la carrera por montaña, subidas y más subidas, paisaje abrumador, pista forestal en un marco incomparable, disfrutando mucho y sonriendo. Al igual que la Sprint de Madrid, casi todos los kilómetros se concentraron al empezar la carrera y el grueso de obstáculos quedaba para el final.

Y entre medias, cargando sacos montaña arriba y abajo... hasta en dos ocasiones. Ejercicios de equilibrio y barro, mucho barro... La primera piscina, con agua hasta la cintura, hasta la agradecí porque hacía tanto calor que estaba acabando con mis fuerzas... El agua fresca fue como un chute de energía para seguir subiendo la montaña.

El primer ejercicio en el que fallé fue uno en el que tenía que desplazarme con la fuerza de los brazos en dos barras laterales, sin tocar el suelo con los pies. Todo iba bien hasta que resbalé porque las barras estaban mojadas de anteriores espartanos. Caí directamente con el hombro en la barra, y de ahí al suelo... Y llegaron mis primeros burpees con dolor de hombro. Pero podía moverlo bien, así que adelante...

Más piscinas de barro, por las que nadar y arrastrarse bajo alambrada. Toboganes de lodo y hasta una inmersión, cabeza incluida, bajo un tronco... y con un olor a estiércol, que un día después y tras varias duchas, sigue siendo persistente.


La  sonrisa de los que disfrutan en equipo.                   Foto: Alfredo Cano

Y entre sonrisa y sonrisa, un palo muy grande para mi fue no poder subir la cuerda. Es el único obstáculo que había entrenado y no pude con ella. Dos intentos. No sentía ninguna fuerza en los brazos. Nada. Cero. Esta prueba estaba casi al final de recorrido. Había hecho burpees en otra, en el lanzamiento de jabalina. Habíamos hecho ya casi todo el recorrido y casi todos los obstáculos, y me sentía muy bien, pero al subir la cuerda noté que los brazos los tenía como muertos. La cuerda resbalaba, pero tampoco me podía enganchar con los pies, como había practicado. Ni siquiera la ayuda de Leo me sirvió. Segundo intento y nada, peor que el primero. Era difícil agarrarse ya que resbalaba mucho. Decidí hacer directamente los burpees. Esta fue mi única decepción de la carrera, conmigo misma, claro está. No me lo esperaba y me frustré. Decir "no puedo" fue como traicionarme. Lo que pasó me sigue haciendo reflexionar...


Casi lo consigo.... casi....                                                 Foto: Hannah Liposwky


Y una de cal y otra de arena porque si en la Spartan de Madrid mi cruz fue la subida con cuerda por muro resbaladizo, esta vez fue coser y cantar. A medida que me iba acercando empezaron a sudarme las manos al pensar en lo que se me venía encima y recordando lo mal que lo pasé en Madrid. Antes de subir, Leo nos dio instrucciones de como hacerlo... y a la primera, lo hice sin problemas.

Toda la frustración que sentí en la prueba anterior de la cuerda se convirtió en alegría desbordada. Nada más subir, allí arriba, me salieron unas lagrimillas. Necesité unos segundos para recuperarme. Bajé celebrándolo. Era mi pequeño reto conseguido.


Un muro que dejó de ser muro :)                                        Foto: Alfredo Cano

Decisión en la subida, ante todo :)                           Foto: Hannah Lipowsky


Sólo quedaba saltar el fuego. Leo, Eva y yo nos cogimos de las manos y allá fuimos. A por la medalla!!!



Último obstáculo :)))                                                  Foto: Hannah Lipowsky
            
Felicidad absoluta. Satisfacción. Y motivación para, en 2015, ir a por la Trifecta. Ya puedo empezar a entrenar para la Beast!!!!!!!!!!!!


Tras ser laureados con la medalla de finalistas, en la línea de meta.       Foto: Alfredo Cano

La sonrisa de la satisfacción. Lo había conseguido.                                                                Foto: Hannah Lipowsky





viernes, 6 de junio de 2014

MI PRIMERA REEBOK SPARTAN RACE (MADRID)

Recuerdo que cuando tenía 5 o 6 años y me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre respondía: camionero, bombero y policía. Por este orden. Mientras el resto de niñas soñaba con ser princesa y jugaba con muñecas, a mi me gustaba "vivir" más activamente y andar con la bici por la montaña con mi hermano. Años después, cuando me volvían a preguntar, contestaba, detective privado. Y más tarde, mi respuesta era periodista de investigación. Al final me quedé en lo de periodista. Creo que desde pequeña lo "normal" siempre me ha parecido aburrido y cualquier situación que supone un "riesgo" es más interesante y sobre todo, divertido.

Cuando hace 8 meses me dio por hacer deporte (por primera vez en mi vida en serio) empecé por correr, algo que no había hecho nunca. Con la carrera de asfalto pronto tuve la sensación de que me faltaba algo y pasé a la de montaña. Para preparme, Trainer J introdujo cambios en los entrenamientos que, lejos de desmotivarme (porque eran mucho más duros), al contrario, despertaron en mi una sensación de esfuerzo que me producía mucha, mucha satisfacción. Cuanto más duro el entrene, más me divertía. De hecho, al finalizar cada entrenamiento, siempre esbozo una sonrisa. Siempre. No solo por la diversión, sino por la satisfacción de hacer algo que jamás pensaba que podía hacer. Por ser consciente de que mi cuerpo, cada día, va cediendo un poco más a la exigencia física. Y eso me gusta. Mucho.

Supongo que aquel espíritu aventurero de pequeña forma parte de mi ser y cuando hice mi primera media maratón de montaña, sentí la necesidad de hacer "algo más". ¿Muy precipitado? Puede ser, pero así me sentía y me lo pedía mi cuerpo. Buscando por internet, descubrí la Spartan Race. Me encantó lo que leí y vi al respecto. Era como una carrera de entrenamiento militar, en la que no sólo había que correr, sino además, aguantar físicamente lo suficiente para, en el camino, superar una serie de obstáculos. Y allá que fui yo. 

Quien me conoce pensaba que estaba loca. Mi cuerpo no ha realizado ejercicio físico nunca. Cada vez que me apuntaba a un gimnasio duraba una semana, y en el instituto siempre ponía excusas para no mover ni un músculo. Y ahora de repente, quería más.

Tenía 3 meses para prepararme desde que tomé la decisión hasta que se celebró la Spartan Race el pasado 31 de mayo. Tres meses en los que mi entrenamiento iba a ser totalmente diferente a los anteriores. Había que introducir ejercicios como subir cuerdas, saltar muros o lanzar jabalinas. Cosas que obviamente jamás había hecho. Además de trabajar en incrementar mi fuerza y mi resistencia. Correr por dentro del agua en la playa, subir cuestas, hacer fartlek, combinar carreras con burpees y otros ejercicios de fuerza-resitencia en los que trabajaba todos los grupos musculares eran parte de mi entrene todos y cada uno de los días durante estos tres meses (porque los días de descanso tampoco eran de estar tirada en el sofá, sino de un descanso activo).

Aún así, lo que para otros supone un esfuerzo o sacrificio, para mi estos meses han sido todo lo contrario. Recibir mi email semanal con el entrenamiento era un cosquilleo en el estómago, una sonrisa de oreja a oreja, un gran aliento para empezar la semana y planificar... y soñar (sí, sueño con los entrenamientos) en cómo se iban a desarrollar todos y cada uno de los ejercicios, y las cosas que iba a hacer por primera vez y que tenían tan buena pinta, aunque supusiera sudar la camiseta y esforzarme hasta el límite en algunos casos. 

El balance por tanto durante este tiempo ha sido más satisfactorio que otra cosa. Aunque he de reconocer que he sufrido y he llorado. De impotencia. Cuando algo no me salía. Trainer me dejó muy claro que un deportista sólo llora por una lesión o por un triunfo. No cabían las lágrimas por no conseguir un objetivo, sino seguir luchando. Y eso hice. También en este tiempo he aprendido que una lesión me aparta momentáneamente de los entrenamientos (y no pasa nada). También, que todos tenemos días. Y que hay días en los que me encuentro pletórica y otros en los que me cuesta hasta caminar. Y tengo que aprender a superarlo.


Minutos antes de la carrera





Llega la carrera
Habiendo aprendido una lección cada día, llegó el momento de la Spartan Race. El día antes nos acercamos al recinto y lo primero que veo son los muros. Empiezo a sudar. Durante los 3 meses de entrenamiento jamás conseguí superar un muro de un parque al que iba a entrenar de vez en cuando. Cada vez que intentaba subirlo me estampaba las rodillas contra él. Luego la cara. Y luego no subía. Me quedaba allí abajo mirándolo.

Al ver la cantidad de muros que había que superar en la Spartan me puse muy nerviosa. Siguiendo las indicaciones, lo intenté pero me costaba horrores. Esa noche soñé con los dichosos muros. Al igual que durante los tres meses de entrene también soñaba con la cuerda, hasta que conseguí aprender la técnica de los pies para no cansarme tanto con los brazos.

Y llegó el día de la carrera. Salíamos a las 14 horas, en la tanda de la Sprint Elite. Formaba equipo con Trainer J para tener ayuda en los obstáculos. Y si no lo conseguía, la penalización eran 30 burpees!! 

Nada más empezar, para llegar a la línea de salida, había un muro. Sí, nada más empezar, para poder hacer la carrera. Aunque éste se podía pasar por debajo, menos mal!

Ya en la línea de salida. Nervios a flor de piel. Manos frías y sudorosas. Mirada perdida. Calentando. Sonrisa nerviosa entre emoción, felicidad, susto a lo desconocido, a cómo reaccionaría mi cuerpo... Y dieron la salida. Y al girar la primera curva del recorrido, los muros. Allí estaban. Salté el primero como me habían dicho el día anterior. Lo salté como lo soñé la noche de antes. Y cuando me di cuenta ya estaba al otro lado. Y así el siguiente. Y el otro. Felicidad absoluta. Y sorpresa tanto mía como la de Trainer J.

Sigue el recorrido con nuevos obstáculos con barro. La carrera discurre subiendo una colina continuamente. No hay bajadas. Casi todo el recorrido es de ascenso y hace mucho sol. Por suerte no hace demasiado calor (en este tiempo me he dado cuenta de que el calor es mi enemigo número 1 en las carreras). Entre los obstáculos tengo que subir una cuesta con una rueda cargada al hombro, subir más muros... Uno de ellos mide 2,40 según me dicen. Tampoco se me resiste (aunque había una pequeña cuña que las mujeres pueden usar). Subo el muro sin miedo, con decisión, como si lo hubiera estado haciendo durante años. Seguimos el camino con nuevos obstáculos de barro que se va sumado al peso de las zapatillas para continuar el recorrido. 

Tras varios km de carrera se empieza a oir ya el murmullo de la gente en el auditorio. En ese momento me doy cuenta de que ahora casi todo lo que queda son los obstáculos. Empiezo con el lanzamiento de la jabalina. Hacía viento y la distancia era mucho más alejada de la que había entrenado. Pero me concentré. Puse en práctica mi mejor postura para lanzar, que curiosamente descubrí en los entrenamientos que es adelantar el pie derecho, y lanzar también con el brazo derecho, cuando lo habitual es lo contrario. Y acerté en el tiro! A la primera (en realidad sólo hay una oportunidad de tiro). Es cierto que se fue a un lado, justito, pero ahí se quedó clavada la jabalina. Y seguimos el recorrido. 

Luego llegó el turno del "monkey bars". Había entrenado este ejercicio en los columpios de la playa para los niños. Siempre que lo hacía me salían heridas en la palma de las manos y resbalaba. En la Spartan Race al menos las barras eran más gruesas y no resbalaban así que la atravesé con decisión y sin miedo. 

El siguiente ejercicio se entrena en Crossfit, pero yo nunca lo había hecho así que me estrenaba en la Spartan. Consistía en la fuerza para levantar una saca con una polea. No sé cuánto pesaba. Trainer J me dijo que dejara caer el peso de mi cuerpo para levantarla un poco y luego tirar con los brazos. El caso es que yo dejé caer mi cuerpo (48 kg), pero aquello no se levantaba ni a la de tres. Así que tuve que tirar de brazos directamente, acostándome en el suelo para hacer fuerza con los pies. Y levanté aquella saca. Me libré una vez más de hacer burpees. 

El siguiente obstáculo en el recorrido de la Sprint era cargar con otro saco de arena al hombro y bajar y subir unas escaleras interminables. Otro obstáculo superado con más facilidad de lo que pensaba :)




Subiendo las escaleras de la prueba con un saco de arena a cuestas.


Cuando acabamos este ejercicio, la carrera discurría en dirección al centro del auditorio Miguel Ríos donde tenía lugar la Spartan Race. Desde este punto se divisaba lo que quedaba de recorrido. Cuatro pruebas más y había acabado. Pero cuatro pruebas duras. Las más duras, al menos para mi.

La primera, la cuerda. Aquella que me había quitado tantas noches de sueño. Aquella que me había quemado la piel de la pierna. La que me había destrozado los brazos antes de conocer la técnica de enroscar la cuerda en la pierna para no hacer tanto esfuerzo de espalda y brazos. En esta cuerda había nudos que facilitaban el ascenso pero yo había entrenado sin nudos así que, poco a poco la subí sin problemas. Y seguí el recorrido subiendo a una plataforma para luego atravesarla por una red de cuerdas. No sabía cómo hacer aquello y cuando a veces no puedo hacer algo, mi instinto me convierte en gato, como digo yo, y agarrada de manos y pies crucé el puente de cuerdas segura. Cuando llegué al límite me encontré con un fuerte desnivel por el que había que descender también por cuerdas. A veces me quedo paralizada al borde de un precipicio y durante unas milésimas de segundo así me pasó hasta que oí la voz de Trainer J una vez más dándome ánimos (como había hecho durante todo el recorrido), quitando importancia al tema. "Venga, vamos", oí. Y sin pensarlo ya estaba bajando.

Y llegamos a los 50 metros de pista americana o barbwire que discurre por un manto de barro y bajo una tela de alambrada. Son los 50 metros más largos que jamás he recorrido. Arrastrándome por el suelo. El primer tramo casi no tenía mucho barro pero luego me encontré con una piscina de barro en la que me hundía y me costaba sacar brazos y piernas. Luego otra zona en la que había más agua y la última y más dura en la que habían piedrecillas. Aquello empezó a rasgarme la piel de codos y rodillas. El dolor empezaba a ser insorportable. Tengo un problema con la piel, y cualquier rozadura me deja en carne viva. Había llevado protección en la parte baja de las piernas para evitar quemadura de la cuerda pero no me protegí las rodillas. Cuando salí de aquel infierno vi el rojo de la sangre por encima del barro pero no dolía, así que a seguir! 



Recién salidos del infierno de barro, pero siempre con una sonrisa :)


Ahora había que subir un muro fino, mojado continuamente por agua, mientras nosotros íbamos con barro hasta las cejas. Las zapatillas pesaban un montón y aunque nos quitamos el barro de las manos, seguían sucias y mojadas. 
Primero subió Trainer J. Con paso firme, llegó a la cima y esperó a que subiera yo para ayudarme desde arriba.

Me agarré a la cuerda, pisando fuerte contra el muro. Llegué hasta arriba, y antes de poder agarrarme, caí. Volví a coger la cuerda. Empecé a subir y sentí un dolor insoportable en los dedos. Me los había quemado. Sangraban y estaban en carne viva. Seguí subiendo. Llegué hasta arriba y volví a caer.
Tercer intento. Dolor insoportable en los dedos y por tercera vez caí. 
Desde abajo miré a Trainer J y otra vez, como me había ocurrido alguna vez en los entrenamientos, ojos húmedos de impotencia. Paralizada. Y entre todo el murmullo, música y gritos, tragué saliva y pensé, "detrás de este muro está la meta y no puedo llegar. No puedo". Entonces oí a Trainer que me dijo "haz los 30 burpees". Y otra voz, la de un espartano que tenía a mi lado, que me dijo "venga que te ayudo". Agarró la cuerda desde abajo para que pudiera subir con más facilidad. Apenas podía sujetarme a la cuerda. Ya casi no me quedaba fuerza y cuando estaba  casi arriba grité "cógeme, cógeme, cógeme". Trainer me agarró el brazo con fuerza y con el otro brazo hice un esfuerzo (que no sé de dónde salió) y con todo el dolor del mundo me cogí a la parte de arriba de aquel maldito muro. Ya lo tenía. "Vamos", "abajo", bajé casi sin aliento. Quedaba saltar el fuego y la spartan era mía!!!!

Me agarró de la mano para saltar aquellos troncos con fuego que a mi me parecían altísimos. Tiró fuerte de mi (ya casi no me quedaban fuerzas, las había dejado todas en aquel maldito muro y en aquella maldita cuerda que me había quemado los dedos) y saltamos y nos abrazamos, y tragué saliva, y se me empañaron los ojos, como ahora, que estoy escribiendo estas líneas. Las lágrimas del deportista que ha vencido. Había acabado la carrera. 5 km y 15 obstáculos sin hacer un solo burpee.

Y entonces nos colgaron una preciosa medalla de "finisher" en el cuello que sabía a gloria!













La sorpresa llegaría segundos después. Nada más ponerme la medalla me comunicaron que había sido la primera chica en llegar a meta. Tomaron nota de mi nombre. Resulta que había quedado la primera en la Sprint Elite. No me lo podía creer. Durante unos minutos estuvimos bailando en la línea de meta. Estábamos felices!! Nuestra primera carrera espartana la habíamos superado. Tras meses de entrenamiento y sacrificio, pero también mucha diversión, había acabado este último reto que me había marcado.



Momento de la entrega del premio


Y aquí mi nombre, Begoña Boluda :) en la lista de los resultados



Junto con el trofeo, precioso por cierto, especialmente por el mensaje que lleva inscrito ("los obstáculos se ponen en tu camino para ver si realmente vale la pena luchar por lo que quieres"), Reebok me regaló unas zapatillas increíbles, perfectas para realizar mi próxima Spartan Race en Barcelona, el próximo mes de octubre.


Las zapatillas regalo de Reebok :))
                             

El trofeo con este precioso mensaje

Me despido de vosotros con esta sonrisa. La de la satisfacción por la recompensa del trabajo, del esfuerzo, de luchar por lo que quieres. La sonrisa por las quemaduras de mis dedos, de mi pierna, por la sangre de mis rodillas.... por toda la satisfacción y la felicidad que me produce entrenar cada día. Ese sudor, ese "me cuesta pero voy a por ti"!


                     Hasta pronto espartanos!!!!